De mayor (no) quiero ser portero

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No, papá, la portería no es lo mío. Siempre he soñado con marcar los mejores goles, con dar una asistencia bonita, con rematar un córner a placer… Sé que aún soy muy pequeño, que desconozco más de lo que sé, pero por favor, papá, esta vez déjame decidir a mí. Quiero que algún día alguien pueda celebrar un gol mío en el descuento. Qué yo no sé hacer una buena parada, papá, son muy difíciles.

Yo quiero mirar a mi izquierda y ver a un compañero, mirar a mi derecha y ver a nuestro extremo, girarme y que esté el defensa de mi equipo, mirar hacia adelante y que me empuje un rival para picarme. ¿Has visto algún portero que pueda hacer eso? ¿Has observado cómo es la soledad de los tres palos? ¿Te fijaste alguna vez en que cuando ataca todo su equipo, el guardameta se queda solo ante el peligro? ¿Te imaginas si hay una contra y no llegan los defensas? No papá, de verdad, no quiero.

He visto delanteros fallar goles clamorosos, centrales que pierden la cartera dentro del área, mediocentros que no van de cabeza en un córner, laterales que se ponen a regatear (sin fortuna) en el vértice del área, goles en propia por un mal despeje o un rebote, y al final sólo le gritan al portero papá, porque si tiene un fallo acaba en gol. Qué no, que yo no quiero.

Que es mentira eso que dicen de que los gatos tienen siete vidas. Yo he visto a muchos porteros que vuelan, se tragan una falta y ya suena el game over. Se acaba su temporada y no vuelven a jugar. En serio, papá, yo no quiero ser uno de esos pobres maltratados.

Que los entrenadores, o técnicos, o no sé muy bien como se llaman, ¡bah! los que dicen el nombre de los once que juegan papá, tú ya me entiendes, hacen muchos cambios. Meten dos delanteros, tres centrocampistas, o cinco defensas si hace falta, pero yo nunca los he visto con dos porteros. Sólo ponen uno a jugar. Yo no quiero eso.

¿Viste a Lux? Qué pronto olvida el fútbol, papá… El año pasado cuando se lesionó en Córdoba, ¿cuántos deportivistas temblaron con miedo a que fuera el cruzado? Dímelo. ¿Cuántos temieron por el ascenso? ¿Y cuándo salieron los rumores del Barça y su no renovación? Míralo papá, míralo donde está. Nadie habla de él, se han olvidado de que fue el mejor portero de Segunda. No recuerdan ni su nombre, se ríen de su balón parado, de sus cantadas en las últimas actuaciones. Grítales papá, diles que los otros diez también tienen altibajos pero no son el último hombre.

Foto vía: terra.es

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Y, ¿te fijaste en cómo cambió todo con Fabricio? Se fue al Valladolid, le cantaron mercenario, le dijeron que era muy malo, le llamaron muchas cosas feas. Y míralo ahora, papá, lo tienen en un pedestal. Dicen que es el mejor portero del momento en la Liga en cuanto a números. Míralo papá, empezó la temporada como suplentísimo de “Poroto” y ahora no hay quien lo quite de ahí. Míralo papá, ¿de cuántas nos ha salvado? Dile que aproveche, que disfrute el momento, que cualquier día “la lía” y se le acaba la partida.

¿Y el chavalito del Temple, David Gómez? ¿Sabes su historia, papá? Me dijeron que es muy bueno, que fue muchas veces con los niños de la Selección Española y que hizo varias pretemporadas con el primer equipo del Dépor. Hubo una época en la que todos hablaban de él. Ya se olvidaron también. Ya sé que aún es joven, que sólo tiene 20 años, que aún sigue en el Fabril, pero papá, ¿tú viste que le dieran una oportunidad? En su día incluso le trajeron competidores: a Marc, al internacional portugués, a Felipe… ¿Qué pasa? ¿Ya no confían? Yo sé que los va a callar, papá, pero tú fíjate como lo tratan. Qué no puedo, papá.

Solo puede jugar uno, y si tiene más de un fallo el míster lo castiga y le obliga a sentarse en el banquillo. Bueno, escúchame, te estoy mintiendo, eso sólo lo hacen los entrenadores buenos. Mi amigo Yoel me dijo que a él lo habían castigado en la grada. Qué no, que yo no puedo, papá, me niego, yo quiero ser delantero.

*Este texto es una alabanza a la infravalorada y valiente posición del portero, con mención especial para los que visten de “blanquiazul”

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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