Breve y alternativa historia de la Liga de los tres puntos

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Septiembre de 1995 podrá ser recordado por el anuncio de la invención del DVD o, más prosaicamente, por el nacimiento de la primera versión de eBay. Para nosotros será siempre la fecha en la que fue alumbrada la Liga de los tres puntos (“LTP”). Un Deportivo-Valencia, reedición de la final de Copa celebrada apenas dos meses antes, sirvió para que el balón rodara sobre un fútbol que mutaba con nuevas reglas (entonces se introdujeron también los tres cambios) y nuevos escándalos.

Cómo olvidar la Liga de los 22, que refleja la eterna tendencia del fútbol ibérico al cambalache. Un campeonato que cambiaría aún más la temporada siguiente con la entrada en vigor de la “Sentencia Bosman”, que permitía la justa equiparación laboral con los futbolistas españoles de todos aquellos profesionales que tuvieran pasaporte comunitario y que, desde entonces, supuso la llegada a la Liga de un sinfín de jugadores que en muchos casos demostraron como única cualidad la posesión de ese pasaporte.

Así, esta que inicia es ya la vigésima “LTP”. Una efeméride que merece alguna reflexión que vaya más allá del enésimo artículo sobre la crisis económica en la que (mal)viven la mayor parte de los clubes españoles. Sobre las deudas de casi todos y los títulos de los de siempre.

El primer dato significativo podría encontrarse en la observación de los clubes que han participado en todas las ediciones de la “LTP”. A los tres que han militado siempre en Primera (Athletic Club, Madrid y Barcelona) se unen Valencia y Espanyol. En esta tabla de puntuación entre 1995-2014, el Atlético, gracias a sus dos títulos y a pesar de su descenso en el año 2000, es cuarto tras FC Barcelona, Real Madrid y Valencia CF. Por detrás, el Athletic es ya quinto en una clasificación que en sus puestos de honor se asemeja (casi reproduce, con la excepción de la posición alterada de blancos y blaugranas) la clasificación histórica de todos los campeonatos de Liga, aspecto que subraya el mantenimiento de los equilibrios tradicionales del fútbol español en una contemporaneidad en continua mutación.

Más significativo resulta, sin embargo, plasmar en un gráfico el desarrollo de estas últimas diecinueve temporadas. El gráfico que acompaña a este texto muestra con claridad cuál ha sido la senda de nuestro campeonato, en el que a una inicial igualdad, traducida en la capacidad de hacerse con el título de equipos como el Atlético, Deportivo y Valencia, se ha pasado al duopolio Real Madrid- Barcelona (04/05-12/13). Su ruptura tras nueve temporadas por parte del Atlético es solo la excepción que confirma una regla que parece destinada, desgraciadamente, a consolidarse durante los próximos años. Una regla que ha tenido efectos devastadores sobre la misma percepción del fútbol en los medios de información, tanto en la prensa (especializada y generalista) como en los informativos de las cadenas televisivas públicas y privadas, al punto de alterar el espacio dedicado al mismo y, sobre todo, a sus protagonistas, con un absoluto desequilibrio a favor de las noticias balompédicas protagonizadas por merengues y culés.

Dejando de lado esta degeneración informativa, puede ser de alguna utilidad volver al gráfico. Si se estudia con atención la singladura de cada uno de los seis equipos seleccionados (que lo han sido por mostrar datos suficientemente significativos durante el periodo que aquí interesa) se podrá bosquejar, más que una brevísima historia del fútbol, una historia económica del país en el que sus partidos se celebran.

Durante los primeros años, aquellos en los que casi todos los equipos creían habitar en la riqueza perenne, se produjo una auténtica fiebre de fichajes y gastos. En tal panorama, el descenso del Atlético de Madrid un 7 de mayo de 2000 puede ser considerado como la mayor sorpresa deparada por la “LTP” y un aviso (desatendido) de las consecuencias fatales que ciertos tipos de gestión podrían acarrear.

El periodo 2000-2004 conoció la máxima rivalidad entre cuatro equipos: Barcelona, Deportivo, Real Madrid y Valencia (el orden de la lista se pliega solo al rigor alfabético, no piensen mal). Pero en tal carrera al primato, dos de ellos terminaron por consumirse. El declive de Deportivo y Valencia ha seguido dos caminos diferentes, con el primero entrado en lenta y melancólica decadencia hasta acabar descendiendo en 2011 y en 2013. Despeñado al fútbol de plata, el club pasó rápidamente de Súper Dépor a equipo ascensor.

El caso del Valencia es aún más elocuente de lo que ha sido el sistema sobre el que se basó el fútbol hasta hace muy poco, sobre el que se sustentó el falso milagro económico español. Tras los títulos de Liga, UEFA, Supercopa de Europa y las finales de Champions, cuando los chés parecían destinados a gobernar con suficiencia el fútbol europeo, el destino del club se torció. Desde 2006 su historia no ha seguido el ritmo de las páginas de deportes sino las de economía: empresarios de la construcción que no construyen, refuerzos que no refuerzan, deudas que no se enjuagan a pesar de las continuas ventas, al punto de convertir el proyecto de un Nuevo Mestalla en una metáfora de esta era: una catedral en el desierto a futura memoria de un tiempo vivido peligrosamente. Asi, desde la temporada 06/07 la distancia con Barcelona y Real Madrid ha alcanzado para el Valencia una dimensión inimaginable pocos meses antes. La trayectoria del equipo será desde entonces errática con la sola Copa del Rey de 2007 como analgésico.

Y así, con algunos motines protagonizados por Sevilla o Villarreal que intentaron inútilmente romper el duopolio, se llega a la temporada 2008/2009. Conviene recordarla porque representa un auténtico punto de inflexión. Desde entonces la distancia entre los dos primeros y el tercero crece desbocada, como crece la presión mediática sobre los equipos-tiranos, que será insoportable para mayor gloria de “prime donne” en las canchas, en los banquillos y en las ondas: el paroxismo lo representan tres años para olvidar (temporadas 09/10, 10/11 y 11/12), cuando 25 puntos; 21 puntos y 30 puntos son la distancia entre el segundo y el tercero. A partir de la primavera de 2010 (25 puntos son demasiados) se empezarán a escuchar las primeras críticas a un sistema “escocés” que tiraniza incluso las finales de Copa, que mediatiza sus sorteos y que poco tiene que ver con la tradición de la Liga (como demuestran los títulos en Europa de Atlético y Sevilla o como las mismas finales europeas de Athletic y Espanyol se encargan de subrayar).

En el fútbol, como fuera de las canchas, se asiste así al cierre, en sentido jerárquico, del acceso a los títulos, tanto en las competiciones nacionales como en las continentales, mientras el antiguo deporte muta hacia nuevas metas políticas y comerciales Y qué decir del momento en el que Platini entrega la Copa de Europa a Drogba y éste la encomienda, inmediatamente, a las manos de Abramovich. Forma inédita de humillación al dinero y a sus jerarcas de la máxima competición europea.

Un desgarro que no cesa y del que el Atlético de la temporada pasada ha representado, en el contexto de la “LTP”, una fugaz excepción funcional a la confirmación de una regla que termina por imponer siempre el grande al chico (siempre que el Atlético, su historia y su deuda, puedan ser consideradas pequeñas). Porque en el fútbol, como en la vida, se utiliza la coartada de la crisis para esconder las políticas de mandatarios incapaces y para ampliar la distancia entre ricos y pobres.

Post scriptum:
Quien esto escribe no quiere olvidar, por encontrarse entre sus afectos más íntimos, la trayectoria del Athletic Club. Equipo que, en un contexto futbolístico en constante mutación, ha sabido sobrevivir y llegar, en estos últimos años, a tocar, con la punta de los dedos, algunas copas. No lo ha conseguido, pero ver salir la zamarra zurigorri al campo en tres finales, una de ellas europea, confirma que el Athletic sigue haciendo realidad la utopía. Con la única deuda de un triunfo que ya está cerca. Al alcance de sus garras.

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