Bendito play-off

Lunes, cinco de la tarde, Salón de Actos Luis Aragonés. 88 equipos buscan su suerte en la Ciudad Deportiva de Las Rozas. Todo depende de un bombo. Unos, se juegan la permanencia. Otros, sueñan con ascender. Es el añadido de la liga regular, el tiempo extra. El momento más bonito del año y también el que más emociones concentra en menor período de tiempo. Alejados de los focos, o cercanos a ellos, según se mire, presidentes y directivos esperan impacientes por su pareja de baile. Seis días, cinco en algunos casos, para analizar a un rival de otro punto cualquiera de la geografía española. 180 minutos para ascender, si eres campeón, o pasar a la siguiente ronda, si te has clasificado en cualquiera de los otros tres escalones.

Comienzas de cero. Lo acontecido en las 38 jornadas anteriores pasa a mejor vida. No cuenta para nada. Da igual si solo has palmado 3 partidos en la liga regular o si eres el equipo más goleador de tu grupo, con la fase todo se resetea. No hay cabida para los errores ni los merecimientos. El play-off no entiende de eso. Dominas todo el partido, haces un despeje en falso hacia tu propia portería en el 76′ y el Peralada te arranca un 0-1 en casa. Estás sentenciado y, aunque no los asimiles, de fondo ya resuena el game over. Tampoco sirve de nada que te excuses en el estado del césped del Príncipe Felipe, ni siquiera en que el día anterior tocó Hombres G en uno de los fondos. Nadie te va a escuchar. ¿O acaso has encontrado vida humana en Huétor-Tajar* el resto del año?

Puedes salir con el freno de mano puesto, especular al 0-0, buscar la resolución en la vuelta, y que Chamorro te la líe a las 19:23*; en el añadido. Puedes firmar al mejor entrenador de la provincia, diseñar una plantilla para el ascenso, y caer en primera ronda contra un equipo que acabó undécimo la primera vuelta. Puedes intentarlo 12 veces y fracasar las 12. Es la lógica (inexistente) del play-off, la cuna de las curiosidades y el vivero del misticismo.

Foto vía María Romero

Foto vía María Romero

Es la historia de un gallego de Portosín, de 66 años, que un día entrenó a Mágico González y ahora dirige a un equipo de Lorca que preside un millonario chino. Y la del Cirbonero. Club Atlético como River, pero de Cintruénigo, que mola más. Es el debut del Azuaga extremeño en una fase de ascenso. Son los carteles colocados por los bares del pueblo: “VIAJE A EJEA: El club fleta un autobús gratuito para los interesados. Límite 45 plazas. Plazo para apuntarse hasta el jueves a las 12:00h”. Son las furgonetas con altavoces anunciando el horario del partido. Son las entradas en taquilla a 5€ para los socios y 12€ para el público en general. Es Jorge Rodríguez oxigenando con goles a Real Avilés, Pontevedra o Racing de Ferrol. Son los 78 años de Jorge Zafra y Oli en la medular del Jerez de los Caballeros.

Son las televisiones autonómicas intercambiando señales. Cojines sobre cemento en Villarobledo, a un palmo del recinto del Viña Rock. El Real Murcia hospedándose en Moaña. Jamie Carragher felicitando al Mar Menor. El Candín, El Pitín y El Maulí. Desayunos y meriendas en áreas de servicio. La montaña rusa en la carrera de Dani Aquino para acabar marcándole al Rayo Majadahonda. Veteranos amenazando juveniles en El Palo. El hipérbaton en la trayectoria del Sestao River. GPS recalculando ruta. Aficionados inconscientes exigiendo goles en la ida a equipos rácanos. El Vitoria cambiando de provincia para jugar como local. Cruzadas en barco hasta Formentera, con trece ensaimadas en las maletas de vuelta. Parada en la gasolinera del pueblo. Imposible aparcar en Lasesarre. Los 500 habitantes de Anguiano. Filiales con 4 nombres (Real Zaragoza Deportivo Aragón) que se resumen en una palabra y una letra: Zaragoza B. La alfombra del Cayón. Las pandereteiras de la SD. Nombres (de jugadores) apuntados en una esquinita de la libreta que en cuatro años estarán en Primera. La manita del equipo del pueblo de los Elustondo, de Gorka y Aritz, o séase del Beasáin. El barrio del Pilar en Copa del Rey. Y los 40º de Sanlúcar de Barrameda, con Marc Cardona y Cristian en el recuerdo.

Son las consultas a Google con el nombre del rival, las llamadas a conocidos de la zona (si los hay), los repasos a las versiones digitales de los medios locales, el análisis al historial de la temporada, los vídeos de Youtube, el vistazo a la plantilla y las anotaciones. Total, para seguir (prácticamente) igual que estabas. Con una mínima idea de tu adversario y una sola premisa básica: no cagarla, pensar a 180 minutos vista. Es la magia del play-off: jugársela a una carta. La única oda que aún hoy día le agradecemos al fútbol moderno.

 

 

*Entiéndase esto como una hipérbole que pretende explicar la vida que ganan los pueblos y ciudades en tiempo de play-off. Nunca como una falta de respeto.

**Curiosamente, en 1923 se constituyó también la ya difunta Unión Deportiva Salamanca.

Rocío Candal

Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?

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