Azulones por un día

Foto vía ideal.es

Aquel jueves 10 de abril de 2008, España ardía de curiosidad por saber qué pasaría a partir de las nueve menos cuarto de la noche. Una pequeña ciudad del sur de Madrid, con poco más de 150.000 habitantes, se había ganado la simpatía de todo el país gracias a su equipo de fútbol. Un humilde club, que apenas llevaba cuatro años en Primera División, había conseguido colarse en cuartos de final de la segunda competición continental. Y lo había hecho con solvencia, pasando por encima de históricos como el Anderlecht, el Tottenham o de todo un bicampeón de Europa como el Benfica.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, el Getafe recibía en casa al Bayern de Múnich. El empate a uno de la ida, con un gol in extremis del ahora entrenador Cosmin Contra, dejaba un horizonte esperanzador a los azulones; no tanto por el resultado como por el juego exhibido en el Allianz Arena. Más allá de Getafe, la vuelta tenía como principal aliciente el morbo de comprobar si una pequeña ciudad del sur de Madrid podría tumbar al gigante bávaro. España necesitaba una revancha que vengara la última gran aventura de uno de sus otros 18, aquel Villareal que se vio apeado en semifinales de la Champions 2005-2006 con aquel penalti fallado por Riquelme.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, fueron millones los españoles que se engancharon al televisor con el corazón teñido de azulón. El Eurogeta saltó al césped del Coliseum Alfonso Pérez con Abbondanzieri, Cortés, De la Red, Tena, Lucas Litch, Contra, Celestini, Casquero, Gavilán, Manu y Uche. Frente a ellos, el Bayern de Kahn, Lucio, Van Bommel, Ribéry, Miroslav Klose o Luca Toni.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, el Getafe se quedó con uno menos nada más comenzar el partido. Rubén De la Red fue expulsado en el minuto 6 por una falta a Klose. Los azulones se rehicieron del golpe y consiguieron controlar la posesión del balón. Justo antes del descanso, en el minuto 44, pasó una de esas cosas que los entendidos llaman ‘psicológicas’. Cosmin Contra volvía a erigirse en héroe: su zapatazo con la zurda se coló por la escuadra que defendía Oliver Kahn. 1-0 y Getafe soñaba despierto.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, los azulones se desfondaron en la segunda parte. Con uno menos,  el equipo entonces dirigido por Michael Laudrup aguantó hasta el final las acometidas bávaras. Lo hizo hasta el minuto 90, cuando Frank Ribéry cazó un balón y puso el empate en el marcador. Mismo resultado que en Múnich y el partido que se iba a la prórroga.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, se produjeron los 30 minutos más dramáticos de la historia del Getafe, un tiempo extra lleno de emociones en el que los azulones tocaron la gloria con los dedos para que luego se la arrebataran en el último suspiro. Casquero y Braulio, en sólo tres minutos, consiguieron adelantar a los madrileños y colocar el 3-1 en el marcador. Con un jugador menos durante todo el partido, el Getafe resistió hasta que quedaban cinco minutos para el final.

Aquel jueves 10 de abril de 2008, el delantero centro de la selección italiana tuvo únicamente cinco minutos de inspiración. El 9 ‘azzurro’ tuvo sólo cinco minutos de magia, pero ese instante coincidió justamente con otras dos circunstancias: el tremendo desgaste físico del Getafe y los errores de Abbondanzieri. Dos tantos de Luca Toni, en los minutos 115 y 120, apearon al Getafe de las semifinales de la Copa de la UEFA.

Getafe 3 – 3 Bayern Munich

Aquel jueves 10 de abril de 2008, el equipo de Laudrup quedó destrozado tras tanta crueldad futbolística. Tras el segundo gol de Toni, el Pato Abbondanzieri quedó tendido sobre el césped, llorando. Esa imagen fue una de las más comentadas al día siguiente en España, símbolo de la derrota. Sin embargo, para la posteridad han quedado aquellos 120 minutos de lucha y entrega de un equipo que consiguió conquistar por un día los corazones españoles.

Hoy, jueves 10 de abril de 2014, otro equipo madrileño disfruta del sabor de Europa. Es otro de los 18, otro ‘David’ que ha conseguido colarse en la élite europea a base de ‘cholismo’ y fútbol de calidad. Si en semifinales o en la final el destino depara un cruce entre Atlético de Madrid y Bayern, muchos se acordarán de la final de 1974, de Luis Aragonés o del morbo de volver a ver a Guardiola en España. En Getafe, más de uno pedirá revancha por aquel jueves 10 de abril de 2008.

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