2002-2003: título blanco, campeonato txuri-urdin

Nihat y Kovacevic, dos delanteros que dejaron huella en San  Sebastián.   Foto via goal.com

Nihat y Kovacevic, dos delanteros que dejaron huella en San Sebastián.
Foto via goal.com

Para los estudiantes y los futboleros, el curso comienza  durante los días que se prolonga el ocaso estival. Tanto la esencia como las reglas de juego permanecerán inalterables otro año más, pero siempre habrá temporadas que perduren en el recuerdo de los aficionados. Por ejemplo, la  2002/2003 para los hinchas de la Real Sociedad. O “el año del subcampeonato”, como le dicen en Donosti. Y es que nunca antes un segundo puesto se había celebrado por todo lo alto. Aquel año, incluso más que el primero.

El verano anterior había aterrizado en el banquillo de Anoeta el francés Raynald Denoieux, procedente del Nantes F.C. De perfil más bien discreto, el galo se caracterizaba por tener las ideas muy claras respecto al fútbol: sistema 4-4-2 inalterable, con un equilibrio patente entre ataque y defensa, juego por las bandas y por el centro, juventud con veteranía, canteranos con jugadores internacionales. El justo medio, que diría Aristóteles. A nivel táctico, Denoieux  apostó decididamente por la posesión y la trampa de dejar en fuera de juego a los atacantes rivales. Y la verdad es que le salió bien.

Aquella temporada la alineación podía recitarse semana sí, semana también. Con el tulipán Westerveld bajo los palos, dos veteranos internacionales con España ejercían de laterales: Aitor López Rekarte, en la derecha, Agustín Aranzábal a la izquierda. El eje de la zaga lo articulaba un argentino procedente  de la UD Las Palmas, Gabriel Schürrer,  junto al canterano Igor Jáuregui. Mikel Aramburu, alma máter de Zubieta, y un jovencísimo Xabi Alonso se ocupaban de repartir juego en el centro del campo. Por las bandas, dos veteranos de guerra como el ruso Valery Karpin y Javi De Pedro, un fijo en las selecciones de España y Euskadi, otorgaban amplitud y brillo al juego del equipo.  Pero lo mejor de aquella escuadra encontraba en la delantera, donde un tanque como el serbio Darko Kovacevic y el habilidoso Nihat, internacional con Turquía, conformaron la dupla ofensiva más letal de aquel campeonato. Además, el banquillo lo solían ocupar jugadores más que notables como Oscar De Paula, Igor Gabilondo, el noruego Kvarme o el turco-alemán Tayfun.

Once titular de la Real Sociedad, temporada 2002-2003. Foto via realsociedaddefutbol.com

Once titular de la Real Sociedad, temporada 2002-2003.
Foto via realsociedaddefutbol.com

Números de cine

La liga comenzó de manera inmejorable, con una victoria 4-2 en el derbi en casa  frente al Athletic.  En la jornada 10, los donostiarras visitaron el  Santiago Bernabéu, arrancando un punto al Real Madrid de los galácticos. O más bien dejándose dos, dado que el dominio fue blanquiazul. Dos jornadas más tarde, el FC Barcelona de Louis Van Gaal  viajaba a San Sebastián con objeto de conquistar el hasta entonces inexpugnable feudo txuri-urdin. No lo consiguieron: la Real se impuso 2 a 1.

Los vascos se proclamaron campeones de invierno con unos números de cine, dignos del festival de San Sebastián. Acabaron invictos la primera vuelta, habiendo visitado campos tan complicados como Mestalla, el Sánchez Pizjuán y el Calderón. El balance era de 12 partidos ganados y 7 empatados, con un total de 43 puntos. Cuatro menos que al finalizar la temporada anterior… aunque con 18 partidos menos. Al final, concluyeron la competición con 76 puntos, invictos en casa y sin llegar a encajar dos derrotas consecutivas.

La Real Sociedad ofreció a sus seguidores un fútbol de gran nivel, con goleadas como el 5 – 0 contra el Rayo Vallecano, y victorias contundentes a domicilio como la de Montjüic, un 1-3 frente al Espanyol. Pero sin duda alguna, el partido en el que el conjunto blanquiazul desplegó su mejor versión y todo su poderío futbolístico fue el partido de vuelta contra el Real Madrid en Anoeta. Un doblete de Kovacevic, unido a los goles de Nihat y Xabi Alonso, noquearon al Madrid en un partido frenético, en el que los blancos (vestidos de negro en aquella ocasión) no tuvieron ocasiones reales de dar la vuelta al encuentro pese a los goles de Ronaldo y Portillo.

Un duopolio en crisis

La 2002/2003 fue una temporada curiosa, más plural e igualitaria a lo que nos tiene acostumbrados el futbol español. El duopolio entró en crisis; el Barcelona acabó sexto tras haber rozado puestos de descenso, el Real Madrid, a pesar de su contundencia, dejó escapar muchos puntos que las quinielas adjudicaban de antemano. La final de Copa la de aquella temporada la disputaron Recreativo de Huelva y Mallorca, con victoria balear. Además, Deportivo de la Coruña y Celta de Vigo finalizaron  respectivamente en el tercer y cuarto puesto, haciendo gala del buen estado del futbol gallego de entonces.

Pero a veces, la excelencia no es suficiente. Aunque resulte  impopular reconocerlo, la competitividad e igualdad entre tantos equipos pasaron  factura a la Real. Las derrotas a domicilio ante el Athletic, Betis, Valladolid o Celta en momentos clave provocaron en la plantilla blanquiazul una suerte de “mal de altura”, del que solo los equipos habituados a posiciones europeas (y no siempre) consiguen sobrellevar. La Real Sociedad y sus hinchas vivieron un gran año, la trayectoria del equipo fue intachable, casi inmejorable.  Aun así, se vieron privados de la merecidísima recompensa final: el título de liga.

No obstante, la simpatía blanquiazul traspasó fronteras nacionales e internacionales. Hoy, ningún entendido, más o menos romántico, sería capaz de no reconocer que aquella fue la temporada de la Real Sociedad.  El título fue blanco; el campeonato, txuri-urdin.  Y no solo por la celebración que se vivió en Donosti, sino por detalles como renovar al entrenador artífice de la gloria y no dejarle marchar por la puerta de atrás, como hicieron otros la misma temporada.  Aunque injusto, el fútbol jamás dejará de sorprendernos.

Miguel G. Barea

Periodista, de Linares y azulillo, da igual en qué orden. Odio eterno al fútbol moderno.

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