Sevilla F.C 0 – 5 F.C Barcelona: Enésimo despropósito

El Sevilla cayó con rotundidad en la final del último título al que aspiraba | Foto vía: sevillafc.es

La Copa del Rey, esa competición capaz de salvar temporadas y de colorear un año lleno de tonos grisáceos, firmó ayer el parte de defunción de un equipo finado y agonizante. La crónica de una muerte anunciada sin opción al giro de guión.

Decrépito, el Sevilla sumaba siete partidos consecutivos sin conocer la victoria, cuarenta días resumidos en empates meritorios y derrotas vergonzosas. Enfrente, el Barça, con ganas de pasarle la factura de los platos rotos en Roma. El Sevilla pagó al contado, asistiendo sin posibilidad de protesta a un bochorno histórico. En la otra orilla, Iniesta se despedía por todo lo alto, con un título bajo el brazo y lágrimas en los ojos. La afición hispalense se rindió a él; la plantilla andaluza, a su equipo.

No habrá otro como Andrés, querido y admirado en cualquier rincón de España. Su magia retrató las carencias de un conjunto que ya valora la temporada como un fracaso. Con la final perdida, eliminados de la Champions y fuera de los puestos europeos en Liga, el equipo naufraga sin dirección hacia un objetivo cada vez más difuso y cambiante. Entrar en Europa League no salvará una campaña al final de la cual rodarán cabezas. La imagen del equipo anoche fue lamentable: inconexos y pusilánimes, los once jugadores vagaron por el verde como almas en pena cuyo cometido era sacar de centro cada vez que el rival perforaba la red. Una figura simbólica, la de aspirante, que nunca fue real ni concebida como tal. En algunos momentos pareció que hasta le hacían un favor a su rival presentándose al partido, cumpliendo con el protocolo.

La final arrancó con una presión asfixiante en campo andaluz, dificultando así la salida de balón desde atrás. Suárez apretaba a Lenglet y Mercado, a los que en ocasiones parecía que les quemaba el balón, y que buscaban con urgencia a N’Zonzi y Banega, anulados por Busquets y Rakitic. Era imposible combinar por el centro. Los hispalenses, ayer locales, alejaban el balón de su área y se echaban encima de su rival cuando el esférico estaba en campo contrario.

Era un duelo de presión y acoso que Cillessen se encargó de romper a los trece minutos. Un misil teledirigido del guardameta visitante superó a la zaga sevillista, con la línea adelantada hasta el medio del campo, y cayó gracilmente en los pies de Coutinho, que asistió a placer a Suárez después de una larga carrera. Soria, nuevamente titular, titubeó al decidir si salir o no. Ninguno de los cuatro hombres de la defensa pudo dar alcance a los dos puntas.

Los atacantes hispalenses no inquietaron los más mínimo a la zaga catalana, que vivió una de sus noches más tranquilas. | Foto vía: sevillafc.es

Los atacantes hispalenses no inquietaron los más mínimo a la zaga catalana, que vivió una de sus noches más tranquilas. | Foto vía: sevillafc.es

Al tempranero gol se unió el recital de Iniesta, rejuvenecido en energía e ímpetu, que tejía junto a Jordi Alba un traje a medida para Jesús Navas. De una combinación suya llegó el segundo, obra de Messi. Ya fuera arriesgando o replegándose, la defensa hacía aguas ante el arsenal ofensivo del rival. El Sevilla sabía que se le escapaba la final yendo dos abajo a la media hora de partido, por lo que siguió buscando la meta rival, empecinado en conseguir un tanto revitalizante. La decisión fue contraproducente: Suárez volvió a desarbolar el enmarañado defensivo rojiblanco a cinco minutos del descanso para batir a Soria. Parte de la afición rojiblanca empezó a abandonar el estadio, incrédula ante la indolencia de los suyos y sabedora de cómo se las gastan en este tipo de choques.

Montella cambió a Correa por Sandro de cara a la reanudación, como si la inclusión del canario fuera a discutir un monólogo de dominación y pleitesía absoluta. La primera ocasión del ‘Mudo’ Vázquez sólo fue un espejismo. Iniesta, abonado a la épica, devolvió al Sevilla a la realidad con un gol de genio con el que decía adiós a una de sus competiciones favoritas. Entró en la frontal del área chica, amagó el disparo, regateó a Soria con el cuerpo e introdujo el balón en las mallas. El Sevilla estaba tocado y hundido, y aún faltaban 40 minutos por disputarse. Incapaces de generar ocasiones, más allá de dos jugadas aisladas de Sandro, los hombres de Montella trataron entonces de aguantar el envite y de no conceder una mayor ventaja a su verdugo.

No pudo ser. Coutinho cerró la goleada en el 68′ con un gol de penalti, certificando así la sexta manita que encajan los hispalenses en lo que va de temporada. Nunca en sus 128 años de historia el Sevilla concedió tanto. Spartak, Madrid, Betis, Eibar, Atlético y Barcelona le han pintado la cara a los andaluces este año, además de los pókers encajados ante Valencia y Celta. Aún deberían dársele las gracias al oponente por no hacer más sangre, pues el encuentro entró en una dinámica de no beligerancia a falta de veinte minutos, conscientes ambas escuadras de que ya estaba todo el pescado vendido. La cara de vergüenza de Nico Pareja al subir al palco a recoger el trofeo de subcampeones lo decía todo. El Sevilla pugnante de aquella final de 2016 no dio señales de vida.

Lenglet provocó un penalti por manos en una de sus peores actuaciones con la casaca del Sevilla. | Foto vía: sevillafc.es

Lenglet provocó un penalti por manos en una de sus peores actuaciones con la casaca del Sevilla. | Foto vía: sevillafc.es

Un rendimiento inadmisible causado por la inexistencia de un sistema de juego y la obsesiva especulación con que afronta el equipo los partidos. Si a Sampaoli se le achacó que la plantilla llegó muy cansada al tramo final de temporada por sus escasas rotaciones, y a Berizzo se le despidió por malos resultados, a Montella podrían procesarle por ambas. El diagnóstico preocupa especialmente si tenemos en cuenta la inversión en fichajes de este verano, la mayor en la historia del club, complementada con un buen desembolso invernal que para nada ha sido justificado por futbolistas como Sandro, Layún, Roque Mesa o Geis.

Desde hoy, los sevillistas deberían empezar a planificar una nueva temporada, reconsiderando la continuidad de jugadores, técnicos y miembros del organigrama deportivo. Porque caer está permitido, pero hacerlo con tamaña apatía debería ser ilegal.  Pequeños milagros como el de Mánchester no son suficientes para una hinchada acostumbrada a soñar en grande y sumida ahora en una pesadilla.

Ficha Técnica:

Sevilla: David Soria; Jesús Navas, Mercado, Lenglet, Escudero; Nzonzi, Banega; Pablo Sarabia (Layún, min.83), Franco Vázquez (Nolito, min.86), Correa (Sandro, min.46); y Muriel.

Barcelona: Cillessen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Rakitic, Sergio Busquets (Paulinho, min.76), Iniesta (Denis Suárez, min.87), Coutinho (Dembele, min.82); Luis Suárez y Messi.

Goles: 0-1, min.14: Luis Suárez. 0-2, min.31: Messi. 0-3, min.40: Luis Suárez. 0-4, min.52: Iniesta. 0-5, min.69: Coutinho, de penalti.

Árbitro: Jesús Gil Manzano (Comité Extremeño). Amonestó a Mercado (min.34), Escudero (min.38), Iniesta (min.67), Busquets (min.74) y Franco Vázquez (min.74)

Incidencias: Final de la Copa del Rey, disputada en el Wanda Metropolitano de Madrid ante unos 67.000 espectadores.

 

También te podría gustar...