Algo más que un punto

“Lo entiendes si estás dentro”, rezaba el lema de la campaña de socios del Real Oviedo posterior al último ascenso a Segunda División, hace algo más de dos años. Y es que esta, es la única manera de entender la pasión desatada por su afición para celebrar momentos que, vistos desde una perspectiva ajena al club, serían difíciles de comprender.

A mucha gente, especialmente desde Gijón, les sorprendió la celebración de Toché tras el gol del empate en El Molinón el pasado sábado. También la despedida que la afición azul le dio a sus jugadores, una vez acabado el partido consumado el empate ante el eterno rival. La explicación solo llega si se echa la vista atrás, al verano de 2003. La fecha en la que el Real Oviedo comenzó a reescribir su historia sobre los escombros del pasado. La fecha en la que la afición carbayona empezó a empujar el pie de todos aquellos que, aprovechando la delicada situación de su equipo, insistían en pisarle.

Los que viven el fútbol con pasión saben que un gol no es simplemente un balón que entra en la portería y que puede servir para empatar o ganar un partido. Hay goles que tienen una simbología detrás. Que desatan emociones. Que marcan una época o, como en este caso, que cierran una. A nadie se le escapa que el partido del sábado no era uno más, ni para uno ni para otro. Solo así se puede explicar el recibimiento al Sporting en los aledaños de El Molinón o la celebración de Carmona con el 1-0 y, como no, la réplica al otro lado con la celebración de Toché o la antes comentada despedida de la afición carbayona a su equipo una vez finalizado el partido.

Los goles siempre tuvieron un valor, en los derbis más. En cualquiera. Sea en la parte del mundo que sea. Pero lo son, aún más, cuando tras ellos hay una historia. En el caso del Real Oviedo es la de la lucha por la supervivencia de un club que hace 14 años dieron por muerto y que, en los años sucesivos, desde diversas instancias, no solo desde Gijón, trataron de marginar.

Los que no lo entienden, porque no están dentro. Jamás se imaginarían por qué una afición como la del Real Oviedo, que vio a su equipo 38 años en Primera, celebró con la máxima de las pasiones su primer gol en Tercera División, marcado al Mosconia por un joven salido de El Requexón llamado David Kily. Fue el inicio de un ciclo, del más negro de la historia carbayona. Suponía el duro emerger tras el caos y la debacle de aquel complicado verano de 2003. Tras solo dos semanas de entrenamiento. Con la incertidumbre de si el equipo podría, o no, salir a competir. Con la desaparición y un equipo alternativo creado desde el propio Ayuntamiento de Oviedo amenazando constantemente cual espada de Damocles pendiendo sobre el escudo del Real Oviedo.  

Desde instancias políticas, mediáticas y deportivas, muchos trataron de beneficiarse de esa situación. El ninguneo desde el Principado y, desde donde más duele, desde el propio Consistorio de la ciudad de Oviedo, fue patente durante esos años. Algunos medios buscaron silenciar la lucha por la supervivencia de una afición que pronto comenzó a batir records en categorías impropias históricamente para su club. Otros simplemente se burlaban, igual de que aquellos que acompañaban al Real Oviedo por los campos de la Tercera, cuando no jugaba su equipo, únicamente para saciar su deseo de ver el eterno rival besando el barro. O los que llamaban “mendigos” a la afición azul por movilizarse para captar inversores en la ampliación de capital que salvó al club por segunda vez y sentó las bases para que lo del sábado fuese posible.

Aulestia en Cudillero, con ultras del Sporting detrás. Foto: oviedín.com
Aulestia en Cudillero, con ultras del Sporting detrás. Foto: oviedín.com

Las visitas al Ceares, al campo del Gijón Industrial o las dolorosas derrotas ante el Sporting “B” y todo lo que ello conllevaba. La vergüenza vivida una tarde en Ganzábal, cuando un impresentable armado con una navaja pasó de la provocación verbal habitual a la física. Las viñetas en la prensa, que auguraban que jamás se volvería a producir un derbi. No era rivalidad sana. Era más que el legítimo deseo de estar por encima de tu rival. Era aprovechar su debilidad para acabar con él.

Solo el que ha vivido esta década y media entiende por qué un punto se celebra como un ascenso. Cualquier otra afición, con la misma situación vivida que la del Real Oviedo, haría lo mismo.

Puede que la temporada que viene los dos equipos vuelvan, otra vez, a no verse las caras. Como durante más de 90 años de rivalidad pasó en muchas ocasiones, en las que a veces uno estaba mejor y luego le tocaba al otro estar por encima. Pero, lo que está claro, es que la normalidad ha vuelto al fútbol asturiano después de mucho tiempo. El gol de Toché, y el empate posterior, inició un nuevo ciclo en la historia de rivalidad entre dos de las mejores aficiones de España. Y es una buena noticia para Asturias, aunque a muchos les duela.