Playoffs como forma de vida

Carmona celebra el ascenso del FC Cartagena en 2009 en El Collao — Sport Cartagena

Lo llaman “la Champions League de los modestos”, jugártelo a todo o nada, a una sóla carta, 180 minutos a cara o cruz, la vida o la muerte… para algunos, es mucho más que eso. Los playoffs son la época de los aficionados al fútbol de barro por antonomasia. Una ciudad engalonada con los colores de tu equipo local, una afición entera coreando el nombre de tu club, desplazamientos kilométricos que nunca sabrás cuándo acaban, cruzarte la península en autocar para conseguir un pase de ronda, llenar los bares de la ciudad rival, realizar corteos en tu localidad, saber aguantar las encerronas visitantes, sentir el aroma a césped recién cortado y, sobre todo… estar preparado para reír o llorar.

Ya lo plasmó Eibar-SestaoX la pasada campaña. Y qué razón tenía. Muchos no saben qué es un Playoff, nunca lo han vivido, jamás podrán sentir lo que muchos tuvimos que aguantar. Las encerronas en El Palo o Linarejos, el olor a Fútbol Popular en La Cruz, los campos sintéticos de San Sebastián de Los Reyes o Llagostera, la heladería de Ganzábal, los caldos del Mariano González, las charangas en Las Gaunas, las gradas de piedra del Municipal de Tudela, el fondo lleno de El Collao, el aroma a fútbol añejo de El Plantío, las casas colindantes del Antiguo Canódromo, los montes en Ipurua, la sidra en Les Caleyes, los castros en Santa Mariña, las casas con claraboyas en Santa María del Cayón, el resolí de La Fuensanta, la explanada de Morvedre o el curioso y único Silvestre Carrillo.

Lo que empieza siendo un acto solemne en la magnífica Ciudad del Fútbol de Las Rozas con la formalidad más absoluta, acaba meses después siendo una auténtica locura, emociones indescriptibles, bares hasta la bandera, estadios desbordados, cerveza en el suelo, cuerpos desnudos animando al unísono, bufandas al viento, polémicas a la orden del día y mucha incertidumbre.

Playoff es un golazo de Manu Busto al Zamora, la épica del Atlético Astorga ante el Mensajero, la chilena de Carlos Álvarez en Hospitalet, Diego Cervero “ayudando” a estirar a un rival, la impotencia de los aficionados logroñesistas en Manises, fallar tres penaltis en La Planilla, el Caudal Deportivo cargándose al todopoderoso FC Cartagena, sentir las lágrimas pimentoneras tras caer ante el CD Toledo, observar a los seguidores alavesistas invadiendo el Municipal de La Victoria, ver a los jugadores del Ontinyent abandonar el campo con el partido en juego, Salvi silenciando A Malata, la Ponferradina venciendo a Jaén, Lucena y Tenerife en El Toralín, la SD Huesca haciendo justicia ante el Huracán, el Sestao River poniendo contra las cuerdas al Albacete, el CD Mirandés marcando 4 al Cádiz en Anduva, un ascenso del Real Unión en el Stadium Gal, el Rayo Vallecano jugando en El Puerto de Santa María, el Sant Andreu apeando al Universidad Las Palmas, el Alicante CF ascendiendo en Ponferrada, el Girona FC viajando a Ceuta o el Algeciras CF cruzándose toda la península.

Los jugadores del CD Leganés celebran su ascenso en Hospitalet junto a su afición — LaSegundaB
Los jugadores del CD Leganés celebran su ascenso en Hospitalet junto a su afición — LaSegundaB

Todas estas gestas para el recuerdo son las que se suelen vivir en una época que muchos esperan desde comienzo de temporada. Más de 90 equipos jugándose la vida a cara o cruz en un campo de hierba, con todo un pueblo, ciudad, barrio o municipio llevando a los suyos en volandas. La verdadera esencia de nuestro fútbol, la que muchos ignoran y que prefieren ver un partido del Real Madrid o del FC Barcelona por televisión en lugar de bajar al campo del equipo de su localidad. Somos unos incomprendidos, pero benditos incomprendidos. No está de más ahora usar esa frase que tan de moda se ha puesto, y es que los aficionados duopolistas este sentimiento #NoLoPuedenEntender.

 

Sobre Víctor Polo 55 Artículos
Abajas (Burgos), 1992. Redactor en Los Otros 18.