Gracias, Vero

Foto vía deporteymujer.com

En un periódico. En el más leído de Galicia. Ahí, gráficamente, conocí a Verónica Boquete Giadáns. No fue un día cualquiera, me quedó grabado en la retina. Tendría 12 añitos, no más, y, en un reportaje a página completa, hablaban de “la mejor jugadora gallega”. La acababa de fichar el Espanyol de Barcelona. Y a mí me avisó mi padre. Yo no tenía ni idea. Él la venía siguiendo desde años atrás y, aquella tarde, consideró que era el momento. Sin más dilación, agarró el rotativo y me espetó una frase: Mira esta chica, recuerda su nombre. Futbolista hasta los 40 y progenitor de otra futbolera, vio en aquella figura alguien interesante que su hija (yo) debía conocer.

Por aquella época, yo jugaba en categoría infantil, en una liga masculina, y no tenía ni idea de fútbol femenino. Ni idea. Con todos los respetos del mundo, aquella cría que precedió a lo que soy ahora, sabía de fútbol femenino lo mismo que de fútbol etíope: que existía y poco más. No creo que fuese culpa mía ese desconocimiento. No había referentes, en mi zona no había equipos exclusivos de mujeres, y la prensa deportiva que yo leía solo hablaba de Cannavaros y Guardados. Aunque yo con esa edad no era consciente, el problema estaba en la sociedad y los medios de comunicación.

Fueron pasando los años y mi ignorancia en el tema, por suerte, también fue a menos. Agregué a Vero en Facebook. Y aunque, a simple vista, este dato carezca de trascendencia alguna, en su perfil vi publicados enlaces a canales estadounidenses que retransmitían sus partidos. Me enganché. A través de la pantalla, un verano cualquiera, viví mis primeras experiencias internacionales en la materia. Me comí un Philadelphia Independence-Atlanta Beat a la una de la mañana en 2011, con un campo de trescientas setenta rayas, números y referencias que dificultaban la atención al juego. Celebré un gol de un equipo ruso, el Energiya Voronezh, que meses antes ni siquiera conocía. Aplaudí una asistencia de Allie Long con el empeine. Acudí a una Eurocopa en Suecia que acabó suponiendo el inicio de todo. Y poco a poco, fui testigo, desde la barrera, de un cambio. Pero no fue un cambio cualquiera, fue una especie de big bang: después del caos, llegó la vida.

Ayer, al abrir aquel periódico una noticia me cambió la cara: Vero no estaba en la lista de la Selección Española. 14 años después. No me gustan las comparaciones, pero quizás en el fútbol masculino su equivalente sería la revolución que supuso dejar fuera a Raúl González o Iker Casillas. No por la edad, Vero cumplió en abril 30 años, sino por la figura. Por lo que representa. Y por la despedida, si es que la hay: nunca supimos estar a la altura.

Cualquiera que haya seguido un poquito el #futfem sabrá de la importancia que ha tenido Vero durante los últimos años. La santiaguesa es la cara más reconocible de la reconversión, o avance, que ha protagonizado nuestro país recientemente. Con experiencias en Estados Unidos, Rusia, Suecia, Alemania, Francia… Ha sido la pionera de muchas cosas. Y ejemplo en otras tantas: importantes de cara a la galería y más aún en el trasfondo. Nadie aparece en el top ten del Balón de Oro por casualidad ni juega tres finales de Champions porque sí. Hay que remontarse a un España 0-8 Suecia para entender el valor de un España 1-2 Brasil. Y hay que releer sus entrevistas y las de cualquiera de su edad para entender el proceso.

No me gustaría olvidarme de otras que ya no están, como Ainhoa Tirapu, Laura del Río o Sonia Bermúdez, por citar algún ejemplo. Pero creo que Vero Boquete se ha ganado que, al menos, durante un día, se hable de su figura. Ha sido la jugadora más importante de la historia del fútbol español hasta el momento. Y también la que más se expuso a los lobos. Aunque luego siempre volviese liderando la manada.

Uno puede estar más o menos de acuerdo con la decisión de Jorge Vilda, es respetable. Todos llevamos un seleccionador dentro. Subjetiva u objetivamente, añadiríamos y suprimiríamos futbolistas de cada lista de convocados. Con más o menos idea, y menor o mayor criterio, cambiaríamos de cromos con total tranquilidad. Como si tomar decisiones fuese tan fácil. Pasa en masculino, en femenino y hasta en el Campeonato de España juvenil por comunidades autónomas. En la teoría, llevar al máximo goleador, al portero menos batido y a la revelación de la liga… Parece fácil. En la práctica, teniendo en cuenta perfiles de jugadores, sistemas, equilibrando el número de futbolistas por puesto… No lo es tanto. 1 más 1 no siempre son dos. Lo que nadie puede negarle a Vero es su papel por y para el fútbol femenino.

Como con los goles, abrir la lata, o el sendero, en este caso, es lo más complicado. Antes de la jugadora del PSG hubo otras, me consta y es de justicia reconocerlo. Por supuesto que las hubo. Pero los últimos flashes, apuntaron a la santiaguesa. No sin motivo. Sus esfuerzos y su honestidad recogieron frutos. No sé si el fútbol le debe trofeos, individuales y colectivos, no soy mucho de valorar trayectorias en base al palmarés, pero tengo claro que su herencia es de museo.

Escribo esto desde el prisma que me genera vivir en Galicia. Aquí, Vero ha abierto escuelas de tecnificación, creado campus, visitado colegios cada vez que se lo pidieron, respondido entrevistas a cada persona que llamó a su puerta, sin descansar en vacaciones. Siempre con una función: expandir su nombre y el de la mujer, en general, por cada rincón. En cada instituto. En cada conferencia. En cada amistoso. Por y para. Conocedora de una máxima: lo efímero que es el éxito, la importancia de saber distinguir cada momento. Quizá el mayor símbolo de su carrera sea el gol a Escocia, el clasificar a su Selección para una Eurocopa quince años después. No por la belleza del gol, fue un churro, sino por todo lo que vino después.

Hoy, a mis 20 años, y aunque ya salga sin forzarlo, recuerdo aquel nombre que me decía mi padre. Miro atrás, y veo aquella paisana. Lo que era y en lo que se convirtió. Lo que era el fútbol femenino y en lo que lo convirtió. Me acuerdo de los inicios y de todo lo que vino después. Y solo me sale decir gracias. Quizás esta ausencia en la lista sea buen motivo para abrirnos los ojos. Conocemos cuál fue su última convocatoria, pero, ¿recordamos la primera? Por algo será. Entremedias, un legado. Gracias, Vero.

Sobre Rocío Candal 39 Artículos
Juntando letras sin que suenen mal. Gallega, coruñesa y amante (sin remedio) del fútbol. ¿Para qué más?